Los huevos duros, las ensaladas crudas, las membranas de vaca y de cerdo, el tocino de cerdo y de jabalí, la clara de huevo endurecida, las sustancias grasas, los alcaparrones, las aceitunas y las setas son de difícil digestion, y sucede lo mismo en toda clase de guisos que están muy recargados de especias.
Los jornaleros y labradores deben preferir las carnes fuertes á las ligeras, las legumbres á las verduras, y el pan apretado al esponjoso, porque sostiene por más tiempo las fuerzas del estómago. La economía que se hace en los alimentos para los jornaleros está muy mal entendida. La privacion es perezosa, porque la suma del trabajo es proporcionada á la del alimento; un trabajador bien alimentado vale más que cuatro mal mantenidos. En este punto, como en otros muchos, la mezquindad de los propietarios es una falta de cálculo.
El hombre en general no debe comer sólo para. vivir, ni vivir para gozar comiendo; poco más que lo necesario no perjudica á la salud, y sirve de un estímulo ó aumento á sus fuerzas.
Una gran cantidad de verdura sola puede ser tan poco provechosa, como perjudicial mucha sustancia, reducida á un volúmen pequeño.
La costumbre es una regla para las comidas, pero cuando deba abandonarse como perjudicial, conviene hacerlo poco á poco y no de repente, pues. el estomago se debe corregir con método. La dieta. voluntaria es menos perjudicial á los viejos que á. los jóvenes; la experiencia lo ha demostrado muchas veces. Es conveniente comer siempre á las. mismas horas, para que las funciones del cuerpo marchen con uniformidad. La costumbre de hacer dos comidas al dia es á la vez útil y económica, mayormente entre personas de medianos posibles, pero impracticable para los empleados en oficinas, artistas y menestrales, por la distribución de las horas.